La directiva de Red Sox sigue analizando escenarios mientras el mercado de Grandes Ligas ofrece menos margen para errores. Tras varias conversaciones internas, comienza a tomar forma una idea que gana fuerza: priorizar la prevención de carreras como eje central del proyecto deportivo, incluso si eso implica dejar de lado nombres rutilantes en la ofensiva.
El contexto empuja a ese cambio. Los costos asociados a estrellas consolidadas como Alex Bregman o Bo Bichette obligan a pensar con mayor frialdad. Boston entiende que no siempre el impacto mediático se traduce en resultados sostenidos, y que el equilibrio entre pitcheo sólido y ofensiva funcional puede marcar la diferencia a lo largo de una temporada completa.
Red Sox buscan a un lanzador y un bate de menor nivel
El posible pivote pasa por reconectar con lanzadores de alto nivel, capaces de aportar estabilidad desde el primer inning y aliviar la carga del bullpen. La organización ve allí una oportunidad real de crecimiento, sobre todo si logra combinar esos brazos con una defensa más consistente y un plan claro desde el dugout.
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En paralelo, la idea no es descuidar el bateo, sino ajustar expectativas. En lugar de ir por figuras de primer plano, los Red Sox evalúan sumar un bateador de menor perfil, pero con capacidad de producir en situaciones clave. Ese tipo de jugador, menos costoso y más flexible, permitiría distribuir mejor los recursos disponibles.
La apuesta es clara: ganar partidos desde el control del juego, limitar el daño rival y construir ventajas manejables. No es una estrategia nueva en Red Sox, pero sí una que vuelve a escena en un momento donde cada decisión pesa. En un mercado cada vez más impredecible, la prevención de carreras aparece como un camino lógico y, sobre todo, sostenible.

