El boxeo europeo se detiene para presenciar lo que no es solo una revancha lógica, sino una necesidad deportiva. El invicto escocés Nathaniel Collins (17-0-1, 8 KO) y el monarca español Cristóbal Lorente (20-0-3, 8 KO) volverán a verse las caras en el ring, pero esta vez con un botín mucho mayor: el ganador se convertirá en el aspirante oficial al título mundial de peso pluma del Consejo Mundial de Boxeo.
El primer enfrentamiento en el Braehead Arena dejó una herida abierta en ambos bandos. Tras doce asaltos de intensidad eléctrica, las tarjetas reflejaron una igualdad técnica absoluta: un empate mayoritario (115-113, 113-115 y 114-114) que permitió a Lorente retener su corona europea y a Collins mantener su récord impoluto, pero que no dejó a nadie satisfecho.
Aquella noche, Collins dominó el inicio con velocidad e incisión, pero Lorente demostró su casta de campeón ajustando la distancia y dominando la segunda mitad del combate con un boxeo sólido y preciso que vació las reservas de su rival.
Cuando suene la campana en Glasgow, el ambiente británico y los himnos quedarán en segundo plano. En el centro del ring solo quedarán dos hombres con una misión clara:
Nathaniel Collins busca demostrar que su bache en la segunda mitad de la primera pelea fue un desliz y que tiene la autoridad para cerrar el combate ante su gente.
Cristóbal Lorente llega con la certeza de que ya sabe cómo dominar en campo enemigo, con el objetivo de no regalar ni un centímetro de lona desde el primer asalto.
En una eliminatoria mundial no basta con crecer en la pelea; hay que imponerse. El respeto competitivo ya está ganado, pero solo uno bajará del ring con el boleto directo hacia la gloria del WBC.

