La planificación deportiva de los Red Sox quedó expuesta como uno de los episodios más desconcertantes de los últimos años en las Grandes Ligas. Lo que comenzó como una apuesta ambiciosa terminó convirtiéndose en un rompecabezas mal armado, con consecuencias visibles dentro y fuera del terreno.
Durante 2025, la organización tomó decisiones que alteraron por completo la estabilidad del clubhouse. La llegada de Alex Bregman sin comunicación previa con Rafael Devers generó un quiebre inmediato. El malestar fue creciendo, la relación se deterioró y el conflicto terminó explotando con la salida del antesalista dominicano vía cambio.
Red Sox perdieron a Alex Bregman y Rafael Devers para 2026
Lejos de cerrar la herida, el manejo posterior profundizó el problema. Red Sox no avanzó en una extensión contractual con Bregman, pese a haberlo convertido en una pieza central del proyecto. La falta de compromiso a largo plazo dejó al jugador fuera de los planes y al equipo sin margen de maniobra.
El resultado fue demoledor: 2026 arrancó sin Devers y sin Bregman. Dos nombres que, en teoría, debían sostener la competitividad de la franquicia, terminaron siendo símbolos de una gestión errática. La narrativa pasó rápidamente de ambición a improvisación.
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Desde la perspectiva institucional, el episodio deja preguntas incómodas sobre liderazgo y comunicación interna. La transición deportiva necesitaba decisiones firmes, pero también coherentes. En cambio, el proyecto perdió rumbo en el momento más delicado. Lo que se presentó como una jugada maestra terminó siendo un vacío en el lineup y una lección costosa para Red Sox sobre cómo no administrar talento élite en MLB.

