El nombre de Luis Arráez suele asociarse de inmediato con contacto puro, títulos de bateo y una habilidad casi artesanal para poner la pelota en juego. Sin embargo, pese a terminar segundo en hits en 2025 con 181, el mercado ha mostrado un interés sorprendentemente tibio por sus servicios. La explicación va más allá del simple conteo de imparables.
A primera vista, 181 hits lucen como una cifra de élite. Pero el béisbol moderno especialmente en la Major League Baseball evalúa el impacto ofensivo con métricas más profundas, y ahí es donde Arráez pierde terreno frente a otros bates.
Su OBP de .327, apenas por encima del promedio de la liga (.315), lo ubicó en el puesto 80 entre los bateadores calificados. Para un jugador cuya principal carta de presentación es “embasarse”, ese número resulta discreto. La falta de boletos limita su valor en la parte alta del lineup y reduce su influencia real en la generación de carreras.
El problema se acentúa cuando se analiza el poder. Su SLG de .392 (puesto 112) estuvo por debajo del promedio de MLB (.404), confirmando que Luis Arráez ofrece muy poco daño extra-base. En una era donde los equipos priorizan bateadores capaces de cambiar un juego con un swing, el perfil de contacto sin fuerza pierde peso relativo.
El OPS de .719 (puesto 107) resume perfectamente el dilema: es exactamente el promedio de la liga. Es decir, Luis Arráez produjo ofensivamente como un bateador promedio, pese a su alto volumen de hits. Muchos sencillos, pero poco valor agregado en términos de carreras creadas.
A esto se suman factores defensivos y de versatilidad. Aunque puede jugar varias posiciones del infield, no destaca como defensor premium en ninguna, lo que reduce su valor total en un contexto donde la defensa y la flexibilidad pesan cada vez más en las decisiones de roster.

